En el país de Villachiquita, el presidente Don Juan era un hombre muy importante, pero también muy, muy bajito. Siempre llevaba un sombrero de copa alta para parecer más alto y un traje elegante lleno de medallas. Pero el verdadero orgullo del presidente no eran sus medallas, sino su perro: **Roco**. Roco era un perro San Bernardo. Era tan grande y peludo que parecía una nube tostada con patas. Además, Roco tenía un superpoder: **era el perro más obediente del mundo**. Si Don Juan decía *"¡Sienta!"*, Roco se sentaba tan rápido que hacía temblar el suelo: *¡PUM!* Si Don Juan decía *"¡Junto!"*, Roco caminaba pegadito a él sin separarse ni un milímetro. Pero su orden favorita era *"¡Estatua!"*. Cuando el presidente decía esa palabra, Roco se quedaba completamente quieto, como si fuera de piedra. Ni siquiera parpadeaba. Un soleado martes, llegó el día más importante del año: la inauguración del Gran Reloj de la Torre Alta. Todo el pueblo estaba reunido abajo, ...
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